Diosa
Lura.
Lura
es la deidad de la protección y la venganza, su creencia se limita a
los reinos del noroeste. Se cree que se trató de una mujer de gran
coraje y valor, con tal habilidad en el combate que su mera presencia
inspiraba a las legiones haciéndoles combatir con el doble de
fuerza. Aunque su habilidad con las armas no tenía parangón, lo que
más la hizo destacar frente al resto fue su determinación. Solo
combatía para proteger y vengar a su pueblo, llegando a negarse a
participar en las necesidades expansivas de su rey. En una ocasión,
fue encarcelada por desobediencia al negarse a participar en una
campaña que recién habían iniciado contra un reino sureño. Fue
encerrada acusada de desobediencia al rey, permaneciendo en la
oscuridad de una celda durante una década. Fue liberada una mañana
invernal cuando la campaña iniciada tiempo atrás se volvió en
contra del reino, el apreció como sus dominios iban menguando a gran
velocidad a causa del ejército enemigo. El reino prácticamente se
había visto consumido bajo los pies de metal del enemigo, mientras a
ella la habían confinado en la oscuridad de una celda alejada de la
espada y el escudo. Aquella visión la hizo enloquecer de furia, pues
ya poco se podía hacer para arreglar el daño causado. Le arrebató
su espada a uno de los guardias y se fue abriendo camino entre los
soldados, quienes se veían incapaces de detener el avance frenético
de la mujer. Cuando llegó a la sala del trono, decapitó al regente
en presencia de cientos de personas al grito de:
-
"¡Que la desgracia de nuestro reino te persiga por la
eternidad!"
Tras
esto, permaneció con la espada en alto observando con detenimiento a
los soldados que la acorralaban. Eran hombres que habían arriesgado
su vida para defender aquel reino durante la última década, que se
habían adentrado en tierras enemigas bajo la orden irrevocable de su
rey. Ahora sin un monarca que guiara sus pasos, se arrodillaron ante
los pies de Lura. La recordaban, sabían muy bien quién era y como
su espada había decantado las batallas a su favor. Le suplicaron que
les guiara en aquellos últimos días de batalla, para defender con
uñas y espadas lo poco que quedaba de su hogar. La batalla se
eternizó durante meses, pues bajo el mandato de su nueva reina los
aguerridos soldados combatían con un frenesí y un temple que hacía
palidecer a sus adversarios. Pero solo era cuestión de tiempo y de
números, por muy poderosos que se hubieran vuelto, su número
descendía drásticamente tras cada escaramuza, llegando a quedar
solo un puñado de soldados defendiendo los salones del trono con
Lura a la cabeza. Las resistentes puertas del salón empezaban a
ceder ante la insistente arremetida del enemigo, y los escasos
hombres que quedaban en su interior se escondían tras las columnas
para poder tomar a sus enemigos de improviso. El castillo había sido
evacuado de mujeres, niños y heridos, quedando solo ellos para
resistir. Cuando las puertas cayeron y los hombres entraron, el grito
de batalla de Lura y sus guerreros estremecieron sus corazones. Fue
un combate rápido, apenas una media hora que se saldó con casi
setenta muertos entre ambos bandos. Lura falleció con una saeta
clavada en el cuello, siendo la primera en caer en combate, pero su
coraje siguió inspirando a sus guerreros en vida que lo dieron todo
en aquel último combate.
La
historia de Lura cruzó montañas y se extendió por los reinos
vecinos como la pólvora, llegando a ser considerada como la hija
predilecta de los dioses de la guerra. Con los años, aquella
historia se transformó en leyenda, y luego en mito. Sobe su figura y
nombre se edificó un templo, que con el paso de los siglos consiguió
establecerse como una religión de culto en gran parte de los reinos
situados al noroeste.
Dioses
de las Islas de la niebla.
Estas divinidades nacen de historias y leyendas muy variadas, protagonizadas en su mayor parte por gloriosos guerreros y poderosos chamanes. Al ser transmitidas a lo largo de los siglos de padres a hijos, ha provocado que las leyendas se vayan trastocando constantemente hasta convertirse en algo muy diferente a la original. Los grandes guerreros se han convertido en dioses, a los que se les atribuye grandes poderes ejerciendo una inmensa influencia sobre todos los habitantes de las islas. Los actuales dioses mayores que componen su religión son cuatro. El gran dios Tok, el señor del trueno, la batalla y las tormentas. La diosa Matrik, mujer de Tok, señora de la fertilidad, los cultivos y la vida. El dios Lokat, hijo de Tok y señor de las argucias, la muerte y la enfermedad. Y la hija del dios de la tormenta Iduun, considerada la única deidad viva. Es la diosa de la niebla, el trueno y los mares. Hay cientos de dioses menores que realizan funciones mucho más variadas y mundanas que las anteriormente citadas, desde el disfrute en las fiestas, el afilado de las armas o la protección de los hogares. Aunque también son aclamados por los habitantes de las islas, su importancia se limita a momentos muy puntuales de sus vidas.
© Vela Ruiz David, 2015
© Vela Ruiz David, 2015
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